Conversación del fin de semana
Salir un viernes o un sábado no solo ofrece la posibilidad de juerga y fiesta por los bares, sino que puede pasar (y de hecho pasa) que las casualidades de la vida te lleven a mantener conversaciones muy interesantes (y en ocasiones trascendentales) sin una razón concreta. Yo volvía a casa hablando con un amigo sobre música y resultó de lo más gracioso, no sé ni cómo, acabamos hablando de Alejandro Sanz, impresionante. No suena a topicazo ¿verdad? Bueno, no fue tópico y ni preparado, simplemente hablábamos de música. No puedo negar que es un artista que me gusta, y mucho, no él sino su música, sus composiciones son puro sentimiento y me encantan. Pero a mi amigo no le molaba nada. No teníamos la misma opinión pero admitía que es un tío que se lo curra, que es un músico que ha evolucionado y que lo hace muy bien dentro del estilo meloso y flamenquillo que le caracteriza. Le dolía reconocerlo aunque no puede soportarlo ni un segundo. Yo aprovecho la ocasión para destacar toda su trayectoria que demuestra que se ha volcado en cuerpo y alma a la música. Su último disco no tiene ningún desperdicio. Espero que ahora que me he delatado no dejéis de visitarme. Yo entiendo que haya gente que lo deteste, pero ¡eso es lo bueno! Para gustos los colores.
Ya que hemos tocado el mundo de lo audiovisual, no puedo resistirme a tocar el tema del guión. Seguro que muchos cuando veís la película comentáis acerca de los protagonistas, de lo bueno que son los actores o que ha sido muy interesante o aburrida. Pero no sé si os habréis parado a pensar en que la historia nace de un guión y sin ese ingenioso, original y (cuando hay suerte) maravilloso guión no hay película. Un mal guión siempre es sinónimo de mala película. Ahora sí, un buen guión tampoco te garantiza que la película sea buena, pero eso sí, es lo fundamental. Cuando una peli destaca, es que el guión era bueno.